Hannah Wagner (dpa)

En verano, en muchas regiones de Rusia las empresas municipales proveedoras de energía cortan durante varios días el suministro de agua caliente en las viviendas. La razón oficial son las obras de mantenimiento de las tuberías, que a menudo se remontan a la época soviética.

Los usuarios esperan entonces que el tiempo coopere y que la ducha helada se convierta al menos en un baño refrescante. Pero incluso en ese caso, el entusiasmo tiene un límite.

A muchos habitantes les molesta que el país más grande del mundo, que es potencia nuclear y tiene grandes recursos naturales, aún no haya podido subsanar el problema de los cortes de agua caliente.

“Estamos en la tercera década del siglo XXI. Y en Rusia, el agua caliente está clausurada durante el verano”, se queja un usuario en un portal de Internet. Otro, en tanto, protesta porque el jabón no hace espuma bajo el agua fría y su piel se resiente. Y muchos presumen que con esta medida en los meses de verano las empresas municipales desde Kaliningrado hasta Kamchatka, en el Extremo Oriente, en realidad quieren ahorrar energía de calefacción.

Mucha gente, sin embargo, se toma la situación con humor. Bajo el lema “un problema compartido es medio problema”, en Internet abundan dichos e imágenes sobre las duchas frías durante los meses del verano ruso.

“No se es un verdadero ruso si se tiene agua caliente todo el año” o “una ducha fría es buena para la circulación”, son algunos comentarios y consejos que aparecen en distintos foros.

Por su parte, los turistas extranjeros reaccionan bastante molestos cuando experimentan que muchos hoteles rusos tampoco están equipados con calentadores de agua. Muchas reseñas de viaje mencionan críticamente esta situación.

En San Petersburgo, una de las sedes en la que se disputó la reciente Eurocopa, las autoridades se adelantaron a una posible oleada de críticas de los aficionados e interrumpieron la temporada de agua fría entre principios de junio y mediados de julio.

De este corte de suministro de agua caliente se salvan también los pocos afortunados que tienen calderas de gas en sus pisos. Para todos los demás, rige respirar hondo y seguir adelante.

Entretanto, muchos de los 146 millones de habitantes del gigantesco país han desarrollado sus propios rituales de baño para esta época del año tan especial.

Dado que en las ciudades más grandes los cortes en los distintos barrios se producen en distintos momentos, la gente va entonces a darse un baño en casa de algún familiar o en el gimnasio.

Pese a la pandemia de coronavirus y a la cifra de infecciones extremadamente alta en Rusia, también siguen siendo muy populares las “fiestas de ducha” en casa de amigos. El año pasado, el alcalde de Moscú, Sergei Sobyanin, aplazó el inicio de la temporada de agua fría hasta que pasó la peor fase de la pandemia.

Según las encuestas, lo más extendido -y además compatible con la crisis derivada del coronavirus- es calentar el agua en la cocina o en un calentador.

Según un portal de Internet también hay otras opciones, como por ejemplo, utilizar el agua caliente de la lavadora: inicie un ciclo de lavado caliente, coloque la manguera en la bañera y listo.

Y si todas esto fracasa, una página siberiana recomienda lavarse el cabello con champú en seco y, si el bolsillo lo permite, visitar más frecuentemente la peluquería.

¿Y el resto del cuerpo? Tampoco hay problema: “el ser humano ha inventado las toallitas húmedas con las que se puede limpiar todo, incluido el cuerpo”, destaca el portal.