Manuel Meyer (dpa) – La España peninsular tiene 4.000 kilómetros de costa, que va desde las amplias playas mediterráneas de Andalucía hasta la rocosa Costa Brava y atravesando los verdes fiordos del norte del Atlántico.

La mayoría de las franjas costeras tienen nombres de fantasía, puestos sobre todo con fines turísticos. A continuación, dpa ofrece algunos ejemplos.

La tormentosa “Costa de la Muerte” de Galicia

En Galicia, en el extremo noroeste de España, el rudo océano Atlántico le imprime a la costa una forma plana y boscosa. Una y otra vez se ve interrumpida por playas de arena blanca, mientras que las bahías formadas en los valles fluviales sumergidos cortan profundamente el terreno.

Por ello, la parte más occidental, directamente sobre Portugal, se denominó Rías Baixas y la más septentrional Rías Altas. En los fiordos hay miles de criaderos de mejillones. Entre las dos costas de las Rías se extiende la legendaria Costa da Morte de España, la “Costa de la Muerte” de Galicia.

Su inquietante nombre se debe a los innumerables naufragios ocurridos en los siglos XVIII y XIX. En 2002, el petrolero “Prestige” sufrió aquí una avería, provocando un vertido de petróleo devastador.

El nombre de “Costa de la Muerte” proviene de los británicos, que vieron zozobrar aquí a muchos barcos mercantes. El nombre apareció por primera vez en una carta náutica inglesa en 1907. La costa se extiende desde el cabo Finisterre, que era el fin del mundo medieval, hasta Malpica.

Vegetación exuberante y géiseres en la Costa Norte

Los vecinos de Galicia en la Costa Norte fueron menos creativos a la hora de elegir nombres para sus tramos de costa. A partir de 1969, Asturias trató de distinguirse de la región mediterránea más seca y buscó la atención de los turistas a través de la denominación “Costa Verde”. Sin embargo, el motivo principal del color verde que abunda en dicha costa también ahuyenta a muchos veraneantes: la lluvia.

No obstante, las hermosas playas de arena están incrustadas en un paisaje de ensueño con colinas verdes. Lo más destacado de la Costa Verde son los famosos géiseres marinos entre Llanes y Pendueles, que inevitablemente recuerdan a Islandia.

La Costa Brava de Cataluña, salvaje y romántica

La “costa salvaje” de Cataluña, la Costa Brava, comienza directamente en la frontera con Francia. Acantilados escarpados, playas de arena y pueblos costeros parcialmente medievales como Calella de Palafrugell, Tossa de Mar o Cadaqués caracterizan este tramo del Mediterráneo, al que sigue la Costa Dorada (“Costa de Oro”) al sur de Barcelona.

Muchos jóvenes veraneantes conocen la Costa Brava sobre todo por Lloret de Mar, un centro de fiestas y encuentros. Ya artistas, poetas y escritores como Marc Chagall, Picasso, Salvador Dalí y Rusiñol mostraron fascinación por esta costa salvajemente romántica.

El primero que bautizó la franja de casi 200 kilómetros de costa al norte de Barcelona como Costa Brava fue el escritor Ferran Agulló, originario de la zona, en la revista “La Veu de Catalunya” en 1908. Desde 1965, el nombre se utiliza como designación oficial y marca registrada.

La “Costa de la flor de los Naranjos” de Valencia

El interior montañoso del tramo costero entre Valencia y Denia es el principal productor de naranjas de España, de allí el nombre de Costa del Azahar. Además de la metrópoli Valencia, situada a orillas del río Turia, el bonito pueblo costero de Peñíscola, con su fortaleza medieval, es considerado un imán turístico en la región.

Blanca, abarrotada y urbanizada: la Costa Blanca

No está claro de dónde procede el nombre de Costa Blanca, pero probablemente no haya sido por el color de las playas. Puede ser más bien por las casas blancas como la nieve en muchos pueblos, pero también existe la teoría de que la compañía aérea British Airways inventó el eslogan en 1957 para vender vuelos a Benidorm. Ya en aquella época se erigían enormes complejos hoteleros entre Denia y Alicante. Las playas son anchas y largas, pero también muy concurridas y urbanizadas.

Una “Costa Tropical” de fama mundial

Si bien los expertos en turismo exageraron un poco al llamarla Costa Tropical, la costa de Granada entre la Sierra Nevada y el Mediterráneo tiene excepcionales condiciones climáticas. Las altas cumbres de la Sierra Nevada protegen esta región de los vientos del norte, lo que le confiere un microclima subtropical.

Aquí prosperan frutas como la piña, la papaya, el plátano, el mango y el aguacate. La costa está salpicada por animados pueblos costeros como Calahonda, Almuñécar o Salobreña.

La Costa Tropical de Granada siempre se ha visto eclipsada por la mundialmente conocida Costa del Sol, de la cual originalmente formaba parte. En 1928, el hotelero austríaco Rodolfo Lussnigg, quien residía en Almería, quiso atraer a los turistas a la costa mediterránea entre Almería y Gibraltar y la llamó Costa del Sol. El nombre estaba respaldado por 320 días de sol al año.

Sin embargo, a partir de la década de 1960, sobre todo la región de Málaga, Marbella, Torremolinos, Estepona y Nerja comenzó a recibir turismo masivo y se asoció internacionalmente con el término Costa del Sol. Por eso, hace unos 30 años, los municipios del litoral granadino decidieron darse el nombre de Costa Tropical.

La Costa de la Luz, un paraíso para los surfistas

La costa atlántica de Andalucía, desde Gibraltar hasta la frontera con Portugal, tiene tanto sol como la Costa del Sol del Mediterráneo. Pero como el nombre ya estaba adjudicado se llamó simplemente Costa de la Luz, que presume con tener las playas de arena más largas, bellas y vírgenes de España.

La zona de Tarifa es un punto de encuentro de surfistas de todo el mundo. Aquí, el viento siempre azota a través del Estrecho de Gibraltar. África y Marruecos están a solo 13 kilómetros y parecen estar al alcance de la mano. En el monasterio de La Rábida, cerca de Huelva, Cristóbal Colón preparó lo que luego fue el descubrimiento de América. Probablemente, los kilómetros de playas de arena vírgenes apenas hayan cambiado desde entonces.