Después de varios meses de aprendizaje remoto, muchos niños están emocionados de finalmente regresar a la escuela. El problema es que el estado físico (arquitectónico) de muchas escuelas no es el más adecuado, lo que, según numerosas veces se ha demostrado científicamente, puede influir en el bienestar y el aprendizaje de los niños. Debemos aprovechar esta oportunidad para renovar y tener mejores entornos de aprendizaje para todos.

Un informe reciente de la OCDE sobre la situación de la educación escolar muestra que el cierre de escuelas agravó las desigualdades en las oportunidades de aprendizaje. Algunos economistas incluso han apuntado que los niños afectados por el cierre de escuelas podrían esperar ingresos un 3% más bajos durante su vida por cada tres meses de tiempo de aprendizaje efectivo perdido.

La abrupta transición entre el aprendizaje en la escuela al aprendizaje en el hogar, ha demostrado el papel que juega el entorno físico en la concentración y resultados. Los estudios han dejado patente que los resultados escolares de los niños con necesidades especiales son peores que los resultados de otros niños, cuando hablamos de entornos ruidosos.

La irrupción de la digitalización en la educación en este último año ha puesto aún más de manifiesto que de la calidad acústica del espacio depende la efectividad del aprendizaje. Se ha demostrado que una buena acústica puede mejorar hasta en un 35% la concentración y reducir el estrés de los alumnos. Y eso es algo que no todos los hogares garantizan, pero sí puede y debe asegurarse en el aula.

En España, muchas Comunidades Autónomas están llevando a cabo renovaciones de colegios atendiendo a todas las novedades en educación, lo que pone de manifiesto la necesidad de actualización de los mismos.

El diseño de un aula tradicional debería contemplar el acondicionamiento acústico para proporcionar una enseñanza y un aprendizaje de calidad. Este reto se antoja todavía más complicado debido a la digitalización e incorporación de nuevas tecnologías a los métodos pedagógicos. Sin un buen acondicionamiento acústico, los estudiantes pierden gran parte de la calidad auditiva (peor inteligibilidad y reverberación), perdiendo la oportunidad de aprovechar al máximo los recursos que actualmente están a su disposición. Si a esto se suman los alumnos con necesidades especiales, que requieren de niveles de ruido todavía más bajos para poder concentrarse y tener una escucha activa, todo se vuelve más importante.

El regreso al aula debe apostar por ser el entorno que fomente igualdad de oportunidades para que todos los niños tengan éxito, independientemente de sus necesidades especiales o situaciones de vida. Es necesario asumir que las barreras al aprendizaje están en el diseño del entorno, no siempre en el niño.