La situación de la SGAE desde que las directivas acabaran en el ojo de las sentencias judiciales, no es la más positiva de su historia. De hecho, ha visto cómo, progresivamente, su reputación ha menguado incluso hasta cotas de negatividad nunca vista.

La Sociedad General de Autores Española, mientras tenía como objetivo defender los intereses de los artistas, ha ido sembrando polémica progresivamente hasta que muchos de ellos han querido desmarcarse de una organización que ha visto cómo, año tras año, saltaba a la palestra algún escándalo.

Y la última vez que se ha visto en los titulares ha sido esta, tras vender sus dos teatros de la céntrica calle Gran Vía a un fondo de capital de riesgo británico llamado Rockspring, que de hecho es el productor de uno de los musicales de más éxito de la capital y que también se representa en la misma calle: El Rey León.

Los teatros Lope de Vega y Coliseum, de esta forma, pasan a formar parte de la gestora por un precio nada desdeñable de 58 millones de euros. Aunque para contextualizar este precio hay que decir que, en su momento, cuando la SGAE se quiso hacer con ellos, pagó hasta 25 millones de euros más.

Pero el fondo Rockspring no es nuevo en nuestro país. Ya ha invertido sobre todo en suelo comercial y logístico, donde se está haciendo con una cartera de propiedades que rentabilizará en el medio largo plazo. De hecho, a nivel europeo se puede hablar de que posee hasta 8.100 millones de euros en activos.

No obstante, lo importante, más allá de lo que el fondo de inversión posea en Torrejón o en el resto de España o Europa, es la sensación de que nuestra cultura, por no saber gestionarse, deberá pasar a manos extranjeras. La buena noticia, que si hay alguien que sabe cómo valorar y sacar adelante obras de teatro, musicales y espectáculos, esos son los británicos. Como ejemplo, el Rey León, pero acuden a nuestra memoria El Fantasma de la Ópera, Cats y otros muchos ejemplos que, en Londres, se han mantenido en cartel durante lustros sin escatimar en gastos.